¿En qué ciudad vivimos? Más muertes por culpa de colectivos en lo que va del año que en 2009

Hace poco se anunció que el castigo por pasar un semáforo en rojo sería la pérdida del registro de conducir. Esta medida se aprobó en la legislatura porteña para destacar que el castigo a las infracciones de tránsito no deben ser exclusivamente con fines recaudatorios sino educativas. La realidad es que la ciudad de Buenos Aires no puede considerarse una isla y es hora de que se comiencen a tomar medidas a nivel área metropolitana. Es ridículo que las leyes de tránsito cambien si uno cruza la General Paz o el Riachuelo.
Apenas salió la nueva resolución respecto de los semáforos en rojo, apareció en la televisión un representante del gremio de los choferes argumentando que era una medida injusta. Muchas veces, dijo, los colectivos pasan un semáforo en rojo para preservar el bienestar de sus pasajeros. Nunca escuché semejante falacia. Los colectivos pasan en rojo porque son inconscientes, porque son imprudentes y porque son impunes, o por lo menos lo eran hasta ahora. Se quejan del estress que sufren al volante, pero no son conscientes de que la mayor parte es producido por ellos mismos, por sus colegas y hacia sus colegas.
En lo que va del año, son 21 víctimas fatales causadas por colectivos, el triple de las que hubo en el mismo período en 2009. Yo creo que es momento de replantearnos realmente la situación del transporte público en la ciudad. Entre las empresas que sólo ven dinero al final de un recorrido y los choferes que se creen dueños de la calle (simplemente tomen un 42, por ejemplo, y verán) la ciudad se transformó en una jungla en la que el más fuerte sabemos quién es. Carriles exclusivos, multas especiales para choferes profesionales (incluyendo taxis, camiones, etc.), educación. Todo lleva a una sola cuestión: un cambio de mentalidad. De nosotros, de los empresarios y de los choferes. Así como estamos viviendo no se puede continuar.
La altura de las calles en Buenos Aires

Buenos Aires es una ciudad por demás plana y sin embargo es muy común escuchar a los porteños hablando de "altura" cada dos por tres. La verdad es que cuando hablamos de altura de una calle nos referimos a su numeración y no a la elevación con respecto al nivel del mar. Si alguien pregunta, por ejemplo, a qué altura queda una casa, se refiere al número de la puerta (o una aproximación, por ejemplo "al 2100").
Algo que es muy importante en Buenos Aires, y que la mayoría de los porteños no aprendemos a valorar hasta que nos vamos del país en algún momento, es la regularidad de la numeración. En la ciudad, cada cuadra tiene exactamente 100 números, pares de un lado e impares del otro. Además las calles paralelas preservan la numeración, por lo que es fácil movernos en transporte público: no hace falta, en principio, saber en qué intersección tenemos que bajar, sino simplemente "a qué altura". Ciertas avenidas interrumpen la numeración y la ponen en 0, como Rivadavia. Entonces, si algún día estamos caminando por la calle Defensa y nos preguntamos a cuántas cuadras de Rivadavia estamos, simplemente vemos la altura y dividimos por 100.
El sistema de numeración de las calles de Buenos Aires se repite en casi todas las ciudades de llanura de Argentinas y por su simpleza en general tendemos a no prestarle atención. Me pasó una vez, en Berlín (ciudad a la que llegué con el imaginario colectivo del famoso orden alemán), en la que en algunos lugares la numeración arranca de un lado de la calle, la primer casa tiene el número 1, la segunda el 2 y así sucesivamente. Cuando acaba, da la vuelta y sigue por la otra vereda. De esta manera, podemos tener la casa 198 enfrentada a la casa 1.