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	<title>DescubreBUE &#187; Cafés</title>
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	<description>Descubriendo Buenos Aires paso a paso</description>
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		<title>Teoría sobre los cafés</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2009 02:49:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>aqui_c</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bares]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Revisando sitios sobre Buenos Aires encontré este bello artículo en el blog <a href="http://buenosairesideal.com/article/teatro-de-los-cafes">Buenos Aires Ideal</a>, de Roger Colom.</p>
<p><strong>Teatro de los cafés</strong></p>
<p>Ustedes habrán notado que en este blog escribo mucho sobre bares y cafés; hasta yo me pregunto por qué. Aquí va una pequeña teoría.<br />
Antiguamente, los hombres iban al bar porque en casa no se podía estar. Quizá su casa era un cuarto en una pensión. O una casa de familia, en la que vivían demasiados, o unos pocos malavenidos, o había niños que lloraban, etc. O el único espacio donde en invierno había calor era la cocina, y el hombre ahí estorbaba. Y si tenía ideas literarias, claro, el ruido, la actividad a su alrededor, serían insoportables.</p>
<p>Se iba al café donde había una estufa, había conversación, o se podía sentar a una mesa donde lo dejarían en paz con sus pensamientos, sus libros, sus papeles.</p>
<p>No se iba al café para salir de lo cotidiano; ese ya era un espacio cotidiano. Se iba porque en el café se estaba se estaba mejor físicamente, y socialmente. Era el punto de encuentro de una red de conocidos, ya fueran todos del barrio, o vinieran de toda la ciudad o incluso de fuera. El café era un cruce de caminos; no por nada es habitual que en Buenos Aires ocupen esquinas.</p>
<p>En los cafés se crearon clubes políticos que luego crecieron y se convirtieron en organizaciones que tuvieron repercusión en la historia de sus países. A partir de las tertulias literarias, se armaron movimientos de vanguardia. El café era el lugar para ir a hablar de lo que uno estaba haciendo o pensando, a compartir ideas, a encontrar gente que pensara igual y reforzara lo que uno ya sabía. Entre las masas amorfas de la gran ciudad, en el café todas las caras eran conocidas o se podían conocer, todo el mundo tenía nombre. Era un lugar en el que se podían establecer lazos personales y escapar de la mala sorpresa del anonimato propuesto por la gran ciudad. Punto de encuentro, punto social, lugar donde verse las caras, donde reforzar lo que uno creía o cambiar de opinión, el café era la respuesta contra la soledad.</p>
<p>Entre las clases altas el café proporcionaba todos los servicios que uno debía aportar si recibía gente en su casa, pero sin el trabajo, el gasto y el riesgo social que eso suponía. Era un sitio para ser visto y dejarse ver. Eso se parece un poco a Facebook, ¿no?</p>
<p>Hoy en día el café sirve como oficina, como sala de estar, como punto de encuentro a medio camino, y los habitantes de la gran ciudad lo usan para no tener que encontrarse en la intemperie, o en un territorio demasiado privado. Con toda la tecnología de comunicaciones que tenemos, el café sigue siendo el lugar para hablar y vernos las caras. Esa inmediatez no la aporta ni videoconferencia más limpia. La presencia tiene un valor enorme.</p>
<p>El café es el lugar donde nos vemos vivir unos a otros, donde nos contamos lo importante fuera del círculo íntimo. Es un punto intermedio entre esa intimidad y el anonimato. Si a mí me interesa saber cómo son los cafés de Buenos Aires, es porque quiero ver cómo es esta ciudad; ahí puedo observar el ir y venir de las personas y de las palabras.</p>
<p>Más adelante contaré algo sobre mi experiencia aquí, y veré si puedo extraer algunas conclusiones acerca de cómo funciona la sociedad en la que ahora vivo.</p>
<p><a href="http://buenosairesideal.com/article/teatro-de-los-cafes">Link al post original</a><br />
<a href="http://buenosairesideal.com">Link a Buenos Aires Ideal</a></p>
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